13 de agosto de 2011

THE STOCKHOLM CHALLENGE



Mañana me enfrento a un reto, a una terapia de choque para mediterráneas con baja autoestima: Un viaje al corazón del estilo y el buenorrismo: la bella ciudad de Estocolmo. No es un viaje cualquiera, no estamos hablando de París ni de Londres, donde todo pasa más desapercibido, hay más mezcladillo y puedes perderte entre la multitud. En Estocolmo la multitud es un mar de bellas cabezas doradas, impecablemente vestidas. Este hecho es un poco bajona. Porque, aunque no lo creáis, fieles lectores, porque siempre me muestro fuerte y poderosa, Filósofa Frívola es pelín insegura en según que situaciones. La belleza física siempre me ha impuesto. Desde que era una adolescente con bigote, gafas, acné y aparato he intentado convencerme de que lo que realmente cuenta es tener una gran personalidad, carisma e ingenio. Eso lo hemos pensado todos los freaks de corazón alguna vez. PERO ES...




Yo lo que quiero es ser rubia y tetona, y este divino intelecto que dios me ha dado no me salva de desear ser otra persona, medir diez centímetros más, tener tres tallas más de pecho y pesar cinco kilos menos.


Imagen obtenida como primer resultado tras buscar en Google "Sueca imponente"


Es tal la comida de tarro a la que me han bombardeado desde pequeña sobre la relación entre el éxito y el físico, que ni mi sobresaliente y pensante mente maravillosa ha logrado convencerme de lo contrario. La inteligencia sobrenatural es una arma con la que la naturaleza nos dota única y exclusivamente para que sepamos relativizar sobre el físico, pero no es más que una herramienta, y nunca un sustituto. Y aquí me hallo, haciendo la maleta mientras cotilleo Stockholm Streetstyle, viniéndome abajo porque no tengo nada que meter en la maleta que haga honor a tan ilustre hotspot del estilo. Estoy por hacer la de Lisa Simpson e irme con la bolsa vacía... Ah, y por si fuera poco, y para añadirle más emoción al asunto... ¡voy con novio! ¿Cuántos bruscos giros de cabeza para mirar a imponentes rubias seré capaz de tolerar? Ya lo decía Quequé en su bossanova: a ciertos sitios hay que ir sin bicho. Os recomiendo el monólogo completo:





Si, después de este monólogo esclarecedor, seguís pensando en ir a Estocolmo con vuestras parejas sois unos valientes kamikazes. Como mi menda.

8 comentarios:

Curro Esbrí dijo...

¡Viva los holmienses! De entre ellos, los que más simpatía me despiertan son los feos. En ningún lugar del mundo un feo tiene que verse más discriminado...

INTERSEXCIONES dijo...

Hay que joderse. Yperdón por la expresión, pero en el momento de chafardear tu blog (para detectar donde te ibas de vacaciones) estaba escriiendo el post sobre esto mismo: quiero ser algo distinto.
Bueno, ya lo leerás, no me voy a hacer la publi en tu blog.

Oye, que lo pases muy bien y enséñales lo que es una buena morenaza,anda.

isabel dijo...

JA!!..TU insegura??!!...esa personalidad no se tiene con inseguridad cariño...
me he tronchado con el monologo, me gustan mucho, pero este no lo conocia...muy bueno. pero lo mismo puede hacer una mujer no??...ajajjajaja...
pasatelo muy bien, y disfruta mucho!!
Por cierto, sabes donde me voy yo??....A PARIS!!!...ajjajajajaj...
Besazosss morena!!

Anii dijo...

Pues yo tengo los billetes al mismo destino y con bicho!!! jajaja casi me da algo de la risa al leerte.
Ya nos contaras
Besitos

LaNiñaMariposa dijo...

A pasarlo bien que la que vale vale!

Bess

Luciana Carvalho dijo...

Ya me contarás como fue en Estocolmo! Enseñales lo que es una morenaza guapa española, anda! Besosssss

Carlota dijo...

¡Nunca puedo evitar leer tus entradas! Jajajajajaja, esta me ha gustado mucho...
¿Cómo va tu experiencia por allí? ¿Sigues viva y eso?
Un beso y un placer volver a pasarme por aquí.

Estrellada dijo...

No entiendo porqué las mujeres ambicionan aumentar la talla de pecho, hasta el punto de estar dispuestas a entrar en un quirófano y someterse a la anestesia. Hablo desde la experiencia de una 110. Luego vas a las tiendas y nunca encuentras nada de tu talla (nada que no sean los sacos de patatas de las tallas grandes); descubres que ciertos cortes de ropa (precisamente, los que más se ponen de moda)son utópicos para tí (tirantillos finos, palabras de honor y compañía); los escotes cerrados hacen que parezcas un burro cargando con dos burdos serones; y a poco que el escote sea algo amplio, te asoma medio canalillo. Los únicos sujetadores que pueden sostener su volumen, son difíciles de encontrar, y más caros; y sus tirantes no se pueden sustituir por otros transparentes de silicona. En fin...